Cuando volví a la universidad fue como si hubieran pasado mil años. Mi profesor favorito, el señor Jacob, se había dado de baja y nos habían puesto a una sustituta totalmente estúpida y estirada llamada Marie Wilson. Aquella mujer se presentó en clase como si fuera lo más importante sobre la faz del planeta, y, para gran asombro mío y de un par de compañeros, empezó a pasar lista.
Diane me explicó que el señor Jacob tenía cáncer, y que aquella... mujerzuela, había llegado a la universidad el jueves. Por lo visto, estaba empeñada en que todo el mundo acudiera a las clases puntualmente y de forma continuada, además, no paraba de darles sermones sobre su comportamiento, “tan poco digno de unas personas de su edad”. Enseguida noté que no iba a llevarme nada bien con una persona como ella.
Marie era una mujer alta, delgada, con cabello largo y rizado, de un rubio oscuro. Era bastante guapa, hay que admitirlo. Y tenía unos impresionantes ojos castaños, enormes y preciosos. Pero su forma de mirar hacía que perdieran cualquier tipo de belleza que pudieran poseer. Llevaba una chaqueta bastante ceñida de color gris pálido y una camisa verde del mismo tono, con una falda a juego con la chaqueta. Dejó sobre la mesa una carpeta verde justo antes de comenzar, y nos miró fríamente, con desdén.
-Comenzaré a pasar lista en unos instantes. Sacad algo para tomar apuntes.
¿”Sacad algo para tomar apuntes”? ¿Qué? Tenemos una edad, señora mía, no puede llegar y ponerse a dar órdenes de ese modo. Miré a Diane, que suspiró y empezó a abrir el bolso para sacar un bolígrafo y un cuaderno pequeño. Con el cabreo en el cuerpo, la imité, y después observé a Marie Wilson con detenimiento.
-Anna Molly Green -dijo.
-Presente -contesté.
-Ya era hora. Lleva una semana faltando, señorita Green. Espero que tenga una buena excusa para dejar de asistir a clase sin previo aviso.
Arqueé una ceja. Era lo que me faltaba, que una mujer como ella me espetara de ese modo.
-Sophie Groen...
-Espere -solté.
Marie levantó lentamente la mirada de la hoja de papel que tenía entre las manos.
-¿Qué ocurre?
-No me parece nada correcto que me hable de ese modo en mitad de la clase.
Ahora era ella quien me odiaba, estaba segura.
-No le parece correcto... A mí no me parece correcto que esté faltando tanto. Según me ha dicho mi antecesor, antes era una alumna modelo, pero de un tiempo a esta parte no asiste a las clases y suspende exámenes constantemente. No creo que esté en la posición más adecuada para debatir qué es correcto y qué no.
-Me da lo mismo lo que usted crea, pero no pienso permitir que me hable de ese modo delante de casi cuarenta personas -repliqué, ya cabreada.
-Salga de clase, señorita Green.
-Con mucho gusto.
Y diciendo esto, metí el bolígrafo en el bolso, recogí mi chaqueta y salí del aula dando un portazo.
-Sophie Groen.
-Presente.
El pasillo estaba totalmente vacío. No podía creer que me hubieran echado de clase. Así, sin más, por discutirle a una zorra estirada la forma en que me había hablado. Lo que me faltaba por oír...
Saqué el paquete de tabaco del bolso y me encendí un pitillo allí mismo. Vaya una... Agh. En serio. Estaba que hubiera matado a alguien. Así que me fui afuera para que me diera un poco el aire. Al fin y al cabo, quedaban unos cincuenta minutos para la próxima clase.
No hay comentarios:
Publicar un comentario